Una tienda de ropa online tenía un desastre de arquitectura web. Más de 400 URLs de categorías pero Google apenas las indexaba. El problema no era la cantidad sino cómo estaban organizadas.
Categorías con URLs aleatorias
Tenían "/c/vestidos-mujer" pero también "/mujer/ropa/vestidos" y "/coleccion-vestidos". Tres URLs diferentes para lo mismo. Google no sabía cuál era la principal y dividía la autoridad entre las tres. Consolidamos todo en una estructura lógica de dos niveles: "/mujer/vestidos" y "/mujer/vestidos-largos". Redirigimos las antiguas con 301.
Parámetros de filtros indexados
Cada filtro de talla, color y precio generaba una URL nueva. Google había indexado más de 2.000 variaciones inútiles como "/vestidos-rojos-talla-s-menos-50-euros". Bloqueamos todos los parámetros excepto las categorías principales. El índice bajó de 2.400 a 180 páginas útiles. El tráfico subió porque Google concentraba la relevancia.
Faltaba jerarquía clara
No había breadcrumbs coherentes. Un producto podía estar en "Inicio > Novedades > Vestidos" o "Inicio > Mujer > Ropa > Vestidos". Implementamos una estructura fija de tres niveles máximo y breadcrumbs schema markup. Google empezó a entender mejor la relación entre páginas.
Categorías sin contenido único
Las páginas de categoría solo mostraban productos. Sin texto, sin contexto. Añadimos 200-300 palabras en cada categoría principal explicando el tipo de prendas, tendencias y consejos de uso. 34 categorías entraron en primera página en dos meses.
Subcategorías demasiado profundas
Tenían cinco niveles de profundidad. Para llegar a un producto necesitabas 6 clics desde home. Lo redujimos a máximo tres niveles. El crawl budget mejoró y Google indexaba productos más rápido.
En cuatro meses el tráfico orgánico pasó de 8.000 a 24.000 visitas mensuales. Solo reorganizando URLs y estructura.
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